Por qué evitar las dietas milagro y quererte un poco más

Raquel Martín Actualidad, Nutrición y salud

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Hoy en día podemos encontrar dietas de todo tipo en Internet, libros y revistas. ¿Quién no ha buscado alguna vez una de estas dietas para aprobar con éxito la “operación bikini” o entrar en el vestido de la boda del mes que viene? Son las “dietas milagro”, conocidas y seguidas porque tienen el objetivo de hacerte adelgazar rápidamente, sin embargo se preocupan poco por tu salud. No solo las hay para perder peso: también para ganar músculo, aumentar vigorosidad, curar una enfermedad, rejuvenecer… pero todas se caracterizan porque:

  • Prometen rápidos beneficios sin esfuerzos.
  • Se rigen por normas muy restrictivas.
  • Son iguales para todo el mundo.  

En muchos casos estas dietas llevan al cuerpo a un estado límite con resultados no deseables para la salud. Tal es el caso de las dietas cetogénicas que se basan en la ingesta de proteínas y grasas, eliminando o restringiendo los hidratos de carbono para hacer llegar al organismo al estado de cetosis, similar al ayuno, en el que moviliza las grasas para usarlas como fuente de energía. Ejemplos de dietas cetogénicas son la Dukan o Atkins (ver más) que, aunque cumplen su objetivo de pérdida de peso, someten al organismo a situaciones extremas pudiendo provocar problemas renales y hepáticos como hígado graso, además de estreñimiento, deficiencias en vitaminas y minerales, así como pérdida de calcio de los huesos (ver más). Además tienen cuestionables resultados a largo plazo en el mantenimiento del peso. Situaciones nada deseables si gozas de perfecta salud aunque con unos kilos de más. No obstante hay otras dietas cetogénicas con un enfoque diferente al de pérdida de peso, como para entrenar la flexibilidad metabólica (ver más) o incluso en el tratamiento de ciertas enfermedades como la epilepsia (ver más), sin embargo aún faltan avances científicos.   

Existen otras dietas como las hipocalóricas. Un ejemplo es el de la Clínica Mayo, en la que  reducen al mínimo la ingesta calórica (< 1000kcal) y consiguen un rápido adelgazamiento, pero a base de perder masa muscular. O las dietas de choque o mono-alimento (dieta de la alcachofa, de la piña), que conllevan a la misma situación de pérdida de masa muscular y posibles desequilibrios nutricionales.

Sin embargo, uno de los métodos de adelgazamiento más perjudiciales (para tu salud y tu bolsillo) es el uso de complementos y suplementos alimenticios como son:

  • Los quemagrasas: Obegrass, XLS, Xenical, Reductil. Son preparados de hierbas y otros productos quemagrasas que funcionan solo si sigues una dieta hipocalórica y haces ejercicio físico. Si lo haces puedes perder peso, aunque te llevarás las carencias nutricionales asociadas así como pérdida de líquidos por su efecto laxante. Además, pequeño apunte: actualmente solo Xenical (Orlistat) está permitido por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (ver más).

 

  • Las dietas de choque con complementos proteicos: Pronokal, Siken-Diet, Kot, Herbalife. Incluyen una fase de reducción calórica muy fuerte a base de productos proteicos que sacian y llevan al organismo al estado de cetosis ya mencionado, con los efectos secundarios asociados de mal aliento, daños en hígado y riñón y ralentización del metabolismo. Dada la drástica reducción de la ingesta de alimentos y la alta eliminación por la orina, se produce una deficiencia importante de vitaminas y minerales por lo que tiene que suplementarse con comprimidos vitamínicos. Esto te aleja aún más de lo que es comer de verdad, el nivel de educación alimentaria que aportan es prácticamente nulo (ver más).

Frustración post-dieta

Los efectos de estas dietas no se quedan en el aspecto físico si no que pueden afectarte a diferentes niveles, también emocionalmente, añadiendo un estado de ansiedad y frustración que no tenías. Así se puede resumir que los peligros de estas dietas son: 

  • Ponen en riesgo tu salud.
  • En la mayoría de los casos, tienen un efecto rebote al terminar haciéndote recuperar el peso perdido.
  • Están basadas en pautas insostenibles a largo plazo por ser muy restrictivas o poco adaptables a una vida normal.
  • No enseñan nada sobre hábitos saludables, sobre la variedad gastronómica ni sobre lo que uno puede disfrutar comiendo.
  • Empeoran la relación que tenías con la comida, aumentando la ansiedad, frustración, inseguridad y aislamiento.

Así, tras todo el esfuerzo realizado (aunque te prometieron que no costaría nada) vuelves al punto de partida con un añadido de frustración y decepción personal (ver más). Si tienes algunos kilos de más, pero estás en perfecta salud, es decisión tuya querer reducirlos de manera drástica creando un riesgo innecesario o tomártelo con calma, pero te aconsejo que mires por mantener algo tan preciado como es tu buen estado de salud.

Comer bien para sentirte mejor

En cualquier caso, para bajar de peso de manera saludable y consciente lo primero es:

  • Evitar caer en trampas y huir de las dietas, complementos y suplementos alimenticios tipo pierde-peso-superrápido.
  • Comer comida real y evitar al máximo lo procesado.
  • Cocinarte siempre que puedas.
  • Comer menos y moverte más.

También puedes apoyarse en un profesional que te ayude a:

  • Revisar los hábitos que te han llevado hasta el exceso de peso y corregirlos.
  • Realizar una personalización según tus necesidades, hábitos y gustos.
  • Educar en hábitos saludables que sirvan para toda la vida empezando por qué alimentos comer y cómo cocinarlos.
  • Y sobre todo y lo más importante: ¡disfrutar y no sentirte culpable por comer!

Es preferible invertir más tiempo en elaborar un nuevo camino por el bien de tu salud y tu felicidad que en obtener resultados rápidos con efectos secundarios.

Ese camino puede empezar por cambiar la relación que tienes con la comida, ella es tu aliada, te alimenta y nutre, no solo físicamente sino emocionalmente. La comida no es contra lo que debes luchar a través de dietas muy prohibitivas, sino con cómo te sientes cuando vas a comer, si sientes estrés o ansiedad, ya que la manera en la que te encuentras cuando estás comiendo influye mucho en cómo te sienta. Esto puede cambiar si te acercas a los alimentos, empiezas a conocerlos, a cocinarlos y a observar cómo te sientan. 

El simple hecho de cocinar puede aportarte múltiples beneficios (ver más). Cocinar es un acto de amor y realizarlo ayuda a aceptarnos a nosotros mismos, a querernos, a descubrir nuevos placeres y sabores y a comer con más calma, lo que puede llevar a comer menos cantidad y más saludable. Finalmente puede ser más efectivo que hacer dieta, ¿no crees?